La crisis de la salud pública en Ecuador se profundiza en 2026 y deja a miles de pacientes entre la resignación y la desesperación. En hospitales del Ministerio de Salud y del IESS persisten problemas estructurales: cirugías represadas, escasez de medicamentos, falta de turnos con especialistas y ausencia de insumos básicos. Aunque los usuarios reconocen el compromiso del personal médico, el sistema no logra responder a la demanda.
Pacientes y familiares dependen de rifas, préstamos o ayuda solidaria para costear exámenes y medicinas que no se encuentran en los hospitales. Para muchos, acudir a prestamistas es la única alternativa, pese a no contar con recursos estables ni seguros privados. Casos como el de una niña con apendicitis sin quirófano disponible o adultos mayores que esperan meses por atención especializada reflejan una realidad alarmante.
La salud, un derecho fundamental, se ha convertido en un privilegio condicionado al dinero, obligando a las familias a elegir entre alimentarse o tratar una enfermedad. Según reportes del medio Radio Pichincha, fue evidente el malestar y el sufrimiento de varios pacientes de casas de salud como el hospital Carlos Andrade Marin o el hospital Pablo Arturo Suarez.
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