Dos ríos muertos, medio millón de personas afectadas y miles de especies animales y vegetales muertas. Una tragedia sin precedentes en Esmeraldas.
Crece la angustia en la población esmeraldeña tras el derrame de petróleo ocurrido el pasado 13 de marzo. Todavía no hay una cuantificación de los daños ambientales por parte de Petroecuador. No se sabe cuántos barriles de petróleo se derramaron, solo se conoce que una mancha espesa de crudo mató a dos ríos y a cientos de especies animales y vegetales. Ahora, la gente muere poco a poco.
“Hay centenares de tanqueros recogiendo el derrame de petróleo”, narra el periodista Hernán Higuera desde la zona del desastre. Al parecer, los medios nacionales se han centrado en otras noticias que les convienen, como si el desastre ambiental no mereciera los titulares, como si estuvieran hartos de cubrir noticias trágicas en Esmeraldas.
El derrame ocurrió el 13 de marzo de 2025 en el sector de El Vergel, en el cantón Quinindé, en la provincia costera de Esmeraldas, luego de que las fuertes lluvias causaran un deslizamiento de tierra que rompió una parte de la tubería del Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE), administrado por la empresa estatal ecuatoriana Petroecuador, que transporta el petróleo desde la Amazonía hacia la Costa.
Según el Ministerio de Ambiente, más de 80 kilómetros de ríos han sido afectados, causando daños en los cantones costeros de Quinindé y Esmeraldas, específicamente en las parroquias Cube, Viche, Majua, Chinca, San Mateo, Tachina y Esmeraldas, según un comunicado del gobierno de Daniel Noboa.
Los ríos Caple y Viche, donde la fauna acuática ha muerto, presentan una capa de petróleo de 40 a 50 centímetros, lo que afecta a unas 51 especies de peces en la cuenca del río Esmeraldas. Según el investigador Eduardo Revoyedo, la recuperación de estas especies podría tardar más de un año, siempre y cuando se realicen trabajos de limpieza exhaustivos. Además, las zonas costeras, como Peñas Blancas, que dependen de la recolección de almejas, han sido afectadas. El crudo también llegó al manglar Botoncillo y la reserva ecológica del estuario del río Esmeraldas, hogar de numerosas especies de aves, peces, mamíferos y reptiles. La situación amenaza la biodiversidad local, incluidos ejemplares únicos como la almeja gigante.
El 16 de marzo, la provincia fue declarada en emergencia y el gobierno exhortó a las personas a no acercarse a las playas Las Palmas, Camarones y Las Piedras.
Se calcula que, solo en el cantón Esmeraldas, son 213.000 personas afectadas, pero a nivel provincial la cifra asciende a cerca de medio millón. El cantón Atacames enfrenta problemas con el servicio de agua potable, que abastece a 60.000 personas, y exigen su propia planta de tratamiento.
Las personas no pueden respirar, tampoco tienen agua, alertó el alcalde de Atacames, Willians Mendoza. Señalan que ya padecen problemas de piel, dolor de cabeza, mareos y dolores articulares, especialmente los agricultores de la zona. El impacto no solo es en la salud, sino también en la economía local, ya que los ríos eran utilizados para actividades pesqueras de las familias de la zona y también para regar los cultivos, entre ellos el cacao, producto en auge comercial.
Los ríos también son los principales atractivos turísticos, y la incertidumbre crece pues se aproxima un feriado nacional, y Esmeraldas es una de las provincias más visitadas en Ecuador. Esta es una provincia que dejó de recibir turistas debido a la ola de violencia que allí se vive.
En Viche, la gente de la zona comenzó a cortar la vegetación manchada con la esperanza de que el mismo río se limpie. Estudios de impacto ambiental determinan que el tiempo estimado para que un ecosistema se recupere es de 10 a 20 años, y esto en el caso de que el daño sea relativamente pequeño.
Según Higuera, en la noche del 18 de marzo se habrían terminado los trabajos de reparación de la ruptura del oleoducto, que tiene un diámetro aproximado de un metro y medio. La desgracia pudo haberse prevenido, pues un informe de Petroecuador revela que desde octubre de 2021, el Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE) operaba con motores averiados y sin repuestos para su mantenimiento, lo que redujo su capacidad de transporte de petróleo a 12.000 barriles por hora, en lugar de los 13.000 previstos. La falta de repuestos y mantenimiento, junto con la escasez de personal debido a renuncias y vacantes no cubiertas, afectó gravemente la operación del oleoducto. Esto causó acumulación de tareas de mantenimiento y fallas en las máquinas.
“Lo peor de todo es el silencio de las autoridades”, reclaman, pues no hay una versión oficial de lo sucedido ni palabras de tranquilidad. En Esmeraldas, la gente reclama por agua, mientras el gobierno envió militares para “tranquilizarlos”.
Ayer, la Asamblea Nacional dispuso que la comisión de transparencia fiscalice el proceso de reparación de las zonas afectadas por el derrame de crudo, en un plazo de 30 días para elaborar un informe. Sin embargo, no se puede hacer mucho. Los asambleístas han demostrado que solo velan por los intereses de su partido político, sobre todo cuando el 13 de abril será la segunda vuelta electoral para elegir al nuevo presidente de Ecuador. Ni Daniel Noboa ni Luisa González presentan posturas claras sobre el futuro petrolero de la nación; la única respuesta firme es la política extractivista, que busca aliviar la economía golpeada del país.